De las naciones a las redes

Por David de Ugarte, Pere Quintana, Enrique Gómez y Arnau Fuentes
Prólogo de Josu Jon Imaz

Los cambios tecnológicos han marcado a las
civilizaciones y las estructuras políticas y sociales.
Los conceptos de nación y soberanía parecen haber
existido siempre. Sin embargo, nacen en un
contexto determinado marcado por dos avances
tecnológicos que se produjeron entre los siglos XVI
y XVIII: la imprenta y la máquina de vapor.

Centenares de miles de personas, hay quien calcula incluso un millón, viven hoy como neonómadas voluntarios, viajando de país en país y renunciando a una residencia estable, conectados entre si en distintas redes virtuales a través de las cuales se ganan la vida y aseguran su independencia personal y económica.

Es un fenómeno excéntrico sin duda, pero no único. Cada vez son más las personas que centran su vida económica y social alrededor de comunidades online. Los procesos políticos y deliberativos que originan cada vez tienen menos que ver con los estados y sus fronteras. Envuelven a millones de personas en todo el mundo y son el caldo de cultivo de nuevas identidades de todo tipo: desde Al Qaeda a las redes de ecoaldeas o los sionistas digitales, herederos de las primeras culturas del ciberespacio y el underground digital.

Al mismo tiempo, cada vez más empresas transnacionales, se dotan de esferas comunicativas y políticas de decisión e influencia cuyo impacto es indudable sobre todos los ámbitos de la vida de sus miembros. El viejo sistema de las multinacionales cuyo centro e identidad original derivaba de una empresa nacional que se había internacionalizado, empieza a quedar atrás. Hoy no dejan de brotar nuevas venecias corporativas que tratan a los estados de igual a igual, piensan en términos de relaciones exteriores y dotan a sus empleados de identidad y e incluso nuevas formas de ciudadanía.

La tesis central de este libro es que el paso de una sociedad de economía y comunicación descentralizada -el mundo de las naciones- a un mundo de redes distribuidas hijo de Internet y la globalización, hace cada vez más dificil a las personas identificarse en términos nacionales. Por eso aparecen nuevas identidades y nuevos valores que a largo plazo acabarán superando y subsumiendo a la visión nacional y estatalista del mundo.
La identidad nace de la necesidad de materializar o cuando menos imaginar la comunidad en la que se desarrolla y produce nuestra vida. La nación apareció y se extendió precisamente porque las viejas identidades colectivas locales ligadas a la religión y a la producción agraria y artesanal ya no representaban de un modo satisfactorio a la red social que producía el grueso de la actividad económica, social y política que determinaba el entorno de las personas.

Del mismo modo, para un número creciente de personas, el mercado nacional cada vez expresa menos el conjunto de relaciones sociales que dan forma a su cotidianidad. Ni los productos que consumen son nacionales, ni lo son los contextos de las noticias que determinan los grandes cursos vitales colectivos, ni necesariamente lo son la mayoría de aquellos con los que las discuten y cuya opinión les interesa.
La identidad nacional se está quedando muy pequeña y muy grande al mismo tiempo, se está volviendo ajena.

No se trata de un rápido desmoronamiento. No debemos olvidar que la nación surgió de una necesidad real… y a pesar de ello el proceso de su universalización llevó casi dos siglos y fue, cuando menos, correoso, encontrando constantes resistencias de todo tipo. Abandonar las comunidades reales donde todos conocían la cara y el nombre de los demás para abrazar la patria -una comunidad abstracta donde no se conocia a los otros, se les imaginaba- fue un proceso costoso y difícil.

Y de hecho es predecible que estado y nacionalidad permanezcan entre nosotros largo tiempo, del mismo modo que la Cristiandad sigue existiendo y algunas casas reales siguen reinando a pesar de que la identidad nacional sea hoy dominante y determinante políticamente y de que el mundo se organice políticamente en estados nacionales y no sobre relaciones dinásticas o comunidades de fe.

Son muchos los historiadores, politólogos y sociólogos que hoy predicen e incluso abogan por una privatización de la identidad nacional. Un proceso que habría de tener similitudes con el paso de la religión al ámbito de lo personal y privado que caracterizó el ascenso del estado nacional. Pero la cuestión es que esa privatización, esa superación sólo puede darse desde un conjunto de identidades colectivas alternativas.

Y lo realmente interesante es que las comunidades y redes virtuales identitarias que apuntan posibilidades de construirla no sólo se definen por ser transnacionales, sino que manifiestan una naturaleza muy distinta a la de las grandes comunidades imaginadas de la Modernidad, como la propia nación, la raza o la clase histórica del marxismo. Sus miembros se conocen uno a uno incluso aunque no se hayan encontrado fisicamente jamás. Es en cierta manera una comunidad real o mejor, una comunidad imaginada que se precipita hacia la realidad.

En la primera parte de este libro trataremos de entender la nación, las herramientas y símbolos a partir de los que esta se imaginó y vivió.

En la segunda seguiremos las experiencias de los segregacionistas de los siglos XIX y XX, aquellos que no aceptaron el paso a un mundo que cada vez se parecía más a un puzzle de centenares de piezas de color e intentaron separarse de la inevitable homogeneización interna que generaba.

En la tercera parte exploraremos las nuevas vidas e identidades transnacionales y cómo se definen en contraste con los ejes y temas tanto de la nación como del segregacionismo clásico.

Y finalmente, en la cuarta parte de este libro, reflexionaremos sobre cómo las nuevas identidades subsumirán la nacionalidad del mismo modo que el nacionalismo absorvió y supero a las identidades comunitarias y religiosas que le precedieron.

Historia de este libro

  • Elaboración abierta

    El material más antiguo de este libro comenzó a escribirse el 7 de junio de 2006. El 20 de agosto 2007 se planteó por primera vez como libro. El 28 de septiembre de 2007 incorporó a Pere Quintana y el 10 de octubre de ese mismo año a Enrique Gómez y Arnau Fuentes. Durante todo el proceso de elaboración, todos los materiales estuvieron a disposición de los lectores de los blogs de los autores y se fueron incorporando al copión de trabajo descargable en esta página desde el 9/3/2008.

    El primer copión de trabajo global fue publicado el 21 de julio de 2008 y el último el 26 de septiembre del mismo año, incluyendo ya el prólogo de Josu Jon Imaz.

  • Edición electrónica

    Las primeras ediciones electrónicas corregidas fueron publicadas en este blog el 31 de enero de 2009.

Materiales complementarios online

Qué puedes hacer con este libro

Este libro ha sido escrito por David de Ugarte, Pere Quintana, Enrique Gómez y Arnau Fuentes, quienes hacen entrega de él al Dominio Público.

Puedes, sin permiso previo del autor, copiarlo en cualquier formato o medio, reproducir parcial o totalmente sus contenidos, vender las copias, utilizar los contenidos para realizar una obra derivada y, en general, hacer todo aquello que podrías hacer con una obra de un autor que ha pasado al dominio público.

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Créditos

  • De las naciones a las redes ha sido escrito por David de Ugarte, Pere Quintana, Arnau Fuentes y Enrique Gómez.
  • El prólogo de este libro ha sido escrito por Josu Jon Imaz, que también lo entrega al Dominio Público
  • La portada de este libro está también bajo dominio público y ha sido creada por Leticia Bonetti.
  • La corrección de este libro es obra de Yolanda Gamio.

ISBN

  • Ediciones El Cobre: 978-84-96501-56-0

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